[Hacer consciente el cuerpo]

En MANTA caminé hasta creer que se me saldrían los pulmones. Trepé montañas para llegar a paisajes imposibles. Ví caer nieve después de casi 10 años y estiré la lengua para poder cazar algún copo. También sentí el fuego del blanco y como crujía debajo de mis pies. Resistí la ansiedad de querer salir y no poder por la lluvia. Después salí y me mojé y entendí que la incomodidad activa la creatividad. Aprendí que para entrar al bosque antes se pide permiso. Me ilusioné, me frustré, me perdí, me cuestioné y me perdoné. Me volví a ilusionar. Dos semanas transcurrieron en un enorme AHORA en loop.

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[El desdoblamiento del tiempo en los recovecos de la montaña]

En mi estadía en MANTA aprendí a sortear obstáculos imprevistos dentro de lo planeado y a modificar el rumbo durante la marcha sin tantas vueltas. La lluvia me llevó a hacer un ejercicio introspectivo fino y en vez de salir a producir o buscar posibles escenarios para las intervenciones que tenía en mente, me vi profundizando en ideas que venía arrastrando. El propio paisaje muchas veces me hizo de espejo del recorrido que fue trazando mi estadía allí. No hay linea recta entre lo que imaginaba y lo que terminé materializando, el sendero me lo fueron marcando los accidentes geográficos. Moverse con el territorio y su clima, escuchar la brisa y esperar el sol, apurar el paso o apaciguar el ritmo, retroceder un paso para avanzar tres.

Me permití explorar caminos poco conocidos, como esos senderos que trazaban huellas de lugares que mi memoria no reconocía. Escribí mucho y dibujé otro poco, armé bocetos de posibilidades, me senté al borde de arroyos y construí mundos en miniatura.

Fueron días de dejarse llevar y de abrir puertas que había cerrado sin aparentes motivos. El constante intercambio de conocimientos con mis compañeros de residencia aceleró procesos y potenció ideas.El encuentro con la comunidad curruhuinca mapuche en días de trabajo en el bosque fue otro hermoso aprendizaje; realizar prácticas artísticas en la naturaleza con el debido respeto y gratitud es imprescindible de ahora en adelante para mí.

Todo junto en un revoltijo de emociones y experiencias, sin aparente hilo conductor, con la certeza de que el tiempo es relativo, que doce días no se cuentan a veces en horas sino en nuevos vínculos formados, nuevos interrogantes y posibilidades de acción.

Bio

Nací en la ciudad de Rio Cuarto y crecí en el campo, cerca de un pueblo llamado Las Acequias. Allí pude nutrir mi amor por la naturaleza y el trabajo en la intemperie. Comencé mis estudios en la Universidad Nacional de Rio Cuarto la carrera de Licenciatura en Ciencias Biológicas en la cual cursé dos años. En el 2012 me mudé a Córdoba Capital donde inicié la carrera terciaria de Fotografía Digital en la Escuela de Diseño y Comunicación Audiovisual La Metro. Participé de muestras colectivas durante los años 2015 y 2016 en el taller “Manifiesto Alegría” dictado por Gabriel Orge y en el Mercado de Arte de Córdoba los años 2016 y 2017. En febrero del 2017 quedé seleccionada para participar de la Residencia fotográfica SELVA, realizada en San Lorenzo, Salta.